jueves, 20 de junio de 2013

Eureka , Eureka, Eureka! (I): padre y maestro mágico salud! maeztro usté no ha tenido el rebuzno libertario del honrado pueblo? ... aquí sólo hablan los genios !!! #ikaskide13 La muerte (VI)


El señor ministro no es un golfo !!! ... desconoce usted la historia moderna


   

El preso: Usted lleva chalina.

     Max: ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos. 
El preso: Usted no es proletario. 

Max: Yo soy el dolor de un mal sueño. 

El preso: Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos. 

Max: Yo soy un poeta ciego. 

El preso: ¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero. 

Max: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol. 

eureka ! eureka! eureka!

y estos sujetos de las melenas!!! ...
... el éxito de la temporada "le llaman democracia y no lo es" ... el retorno de los clásicos ..Sánchez Gordillo ¿Qué dirá mañana esa prensa canalla? Max: Lo que le manden ... gullotina eléctrica en SOL #14N #14Novoy  ...  ahí seguimos en EL RÉGIMEN OLIGÁRQUICO DE SIEMPRE ..

Dáme la mano .... ESTOY ESPOSADO


Escena VI
El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra se mueve el bulto de un hombre. -Blusa, tapabocas y alpargatas.- Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. Max Estrella, empujado y tropicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.

Max: ¡Canallas! ¡Asalariados! ¡Cobardes!
Voz fuera: ¡Aún vas a llevar mancuerna!
Max: ¡Esbirro!

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

El preso: ¡Buenas noches!
Max: ¿No estoy solo?
El preso: Así parece.
Max: ¿Quién eres, compañero?
El preso: Un paria.
Max: ¿Catalán?
El preso: De todas partes.
Max: ¡Paria!... Solamente los obreros catalanes aguijan su rebeldía con ese denigrante epíteto. Paria, en bocas como la tuya, es una espuela. Pronto llegará vuestra hora.
El preso: Tiene usted luces que no todos tienen. Barcelona alimenta una hoguera de odio, soy obrero barcelonés, y a orgullo lo tengo.
Max: ¿Eres anarquista?
El preso: Soy lo que me han hecho las leyes.
Max: Pertenecemos a la misma Iglesia.
El preso: Usted lleva chalina.
Max: ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.
El preso: Usted no es proletario.
Max: Yo soy el dolor de un mal sueño.
El preso: Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.
Max: Yo soy un poeta ciego.
El preso: ¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.
Max: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.
El preso: No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos. Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de los escombros otro concepto de la propiedad y el trabajo. En Europa, el patrón de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!
Max: ¡Barcelona es cara a mi corazón!
El preso: ¡Yo también la recuerdo!
Max: Yo le debo los únicos goces en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días, un patrón muerto, algunas veces, dos... Eso consuela.
El preso: No cuenta usted los obreros que caen...
Max: Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patrones, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.
El preso: Mi nombre es Mateo.
Max: Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo. Una buena cacería puede encarecer la piel de patrón catalán por encima del marfil de Calcuta.
El preso: En ello laboramos.
Max: Y en el último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario también se extermina al patrón.
El preso: Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.
Max: No me opongo. Barcelona semita sea destruida, como Cartago y Jerusalén. ¡Alea jacta est!Dame la mano.
El preso: Estoy esposado.
Max: ¿Eres joven? No puedo verte.
El preso: Soy joven. Treinta años.
Max: ¿De qué te acusan?
El preso: Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso...
Max: ¿Pues qué temes?
El preso: Que se diviertan dándome tormento.
Max: ¡Bárbaros!
El preso: Hay que conocerlos.
Max: Canallas. ¡Y ésos son los que protestan de la leyenda negra!
El preso: Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que tienen a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!
Max: Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.
El preso: ¡Todos!
Max: ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?
El preso: Señor poeta que tanto adivina, ¿no ha visto usted una mano levantada?

Se abre la puerta del calabozo, y El llavero, con jactancia de rufo, ordena al preso maniatado que le acompañe.

El llavero: Tú, catalán, ¡disponte!
El preso: Estoy dispuesto.
El llavero: Pues andando. Gachó, vas a salir de viaje de recreo.

El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego y le toca el hombro con la barba. Se despide hablando a media voz.

El preso: Llegó la mía... Creo que no volveremos a vernos...
Max: ¡Es horrible!
El preso: Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa prensa canalla?
Max: Lo que le manden.
El preso: ¿Está usted llorando?
Max: De impotencia y de rabia. Abracémonos, hermano.

Se abrazan. El carcelero y el esposado salen. Vuelve a cerrarse la puerta. Max Estrella tantea buscando la pared, y se sienta con las piernas cruzadas, en una actitud religiosa, de meditación asiática. Exprime un gran dolor taciturno el bulto del poeta ciego. Llega de fuera tumulto de voces y galopar de caballos.

buscador

Google