viernes 2 de enero de 2009

Visualization labs: William Blake y el mundo en un grano de arena & Bateson y la diferencia en tre el conocimiento trivial y el profundo.


El mapa no es el territorio,
y el nombre no es la cosa nombrada.
Bateson y Alfred Korzybski

Información: Una diferencia
que hace una diferencia
Bateson


Andaba yo navegando, navegando, por esos mapas en red de la interné y como estoy en una conexión del pleistoceno en el campo... me he entretenido mirando mapitas... y formas de visualización de datos... como la que tenéis arriba que con un simple giro nos hace pensar el mundo, las relaciones norte-sur, las posiciones en la esfera celeste de otra manera...
He estado ojeando algunas visualizaciones del Visualization labs... y no me han parecido nada parecidas al mapa mundi al revés...Infant deaths per 100k births in selected countries stack graph
Hace mucho tiempo, ... a principios de los años 90 en un curso de doctorado, estuvimos trabajando en la importancia de las formas de visualización de los datos...y desde entonces, no dejo de pensar sobre la importancia que la cartografía ha tenido en la formacion del pensamiento humano. Mucho me temo que todos los mapitas del Visualization Labs, están del lado de lo trivial, de lo economicista, del lado del número...
Ahora que estamos en la época máxima de la obsesión consumista... y ayer para volver a mi casa por una autovía de dos carriles, me encontré una cola de varios kilómetros en el carril derecho... tuvieron que llegar hasta la Guardia Civil a organizar el tráfico...no se asusten no era para escuchar a un poeta, o oir cantar a un cantautor, o a ver la llegada de algún científico para dar una conferencia... abrían el primer día de REBAJAS en unos almacenes... cuando volví a las dos horas... seguía la cola de salida... así que en este tiempo de regalos, que se a este el mío para todos mis lectores.... que os traigan los reyes muchos tiempos de joyas Blakeanas, de joyas que descansan en granos de arena... por eso he recordado dos cosas:

1) Un poema de William Blake :
" Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.
"


2) Me he acordado de un texto de Bateson, que está en Pasos hacia una ecología de la mente, y que subtituló como “La ciencia de la mente y el orden”, dentro de los que nos apunta a la diferencia entre el conocimiento trivial y el profundo... no sé es largo, pero año nuevo vida nueva...

Por la índole misma de su empresa, un explorador nunca puede conocer lo que está explorando hasta que lo ha explora­do. No lleva ningún Baedeker en su bolsillo ni ninguna guía turística que le diga cuáles son las iglesias que debe visitar o los hoteles en que debe alojarse. Sólo cuenta con el ambiguo folclore de otros que han pasado por ese camino. Es indudable que ciertos niveles más profundos de la mente guían al hombre de ciencia o al artista hacia experiencias y pensamientos que guardan pertinencia para aquellos problemas que de alguna manera son suyos, y esta guía parece actuar mucho antes de que el hombre de ciencia tenga algún conocimiento consciente de sus metas. Pero de qué manera suceda esto, es algo que ignoramos.

Con frecuencia me he impacientado con colegas que pare­cían incapaces de discernir las diferencias entre lo trivial y lo profundo. Pero cuando mis alumnos me pidieron que definiera esa diferencia, me quedé perplejo. Respondí vagamente que cualquier estudio que arroje luz sobre la naturaleza del "orden" o del "patrón" que existen en el universo es con seguridad algo no trivial.

Pero esta respuesta no es sino una petición de principio.

Yo acostumbraba dictar un curso no formal para los residen­tes psiquiátricos en el Hospital de la Administración de Veteranos en Palo Alto, esforzándome por hacerles pensar algunos de los pensamientos que están en estos ensayos.

Ellos escuchaban deferentemente y hasta con intenso interés lo que yo les estaba diciendo, pero cada año surgía la pregunta después de tres o cuatro reuniones del curso: "¿Pero de qué trata este curso?".

Ensayé varias respuestas a esta pregunta. Una vez redacté una especie de catecismo y lo ofrecí a los alumnos como una muestra de las preguntas que ellos estarían en condiciones de discutir después de completar el curso. Las preguntas iban desde “¿Qué es un sacramento?" hasta "¿Qué es entropía?" y “¿Qué es juego?".

En cuanto maniobra didáctica, mi catecismo fue un fracaso: redujo los alumnos al silencio. Sin embargo, hubo una pregunta que resultó útil:

Una madre recompensa habitualmente a su hijo pequeño con un helado si come sus espinacas. ¿Qué información adi­cional necesitaría usted para poder predecir si el niño: a ) llegará a gustar de la espinaca o a odiarla; b) gustar de los helados u odiarlas, o c ) amar u odiar a Mamá?

Consagramos dos o tres sesiones a indagar las muchas rami­ficaciones de esta pregunta, y se me hizo patente que toda la información adicional necesaria se relacionaba con el contexto de la conducta de la -madre y del hijo. De hecho, el fenómeno del contexto y el fenómeno, relacionado con él estrechamente, del "significado" definían una división entre las ciencias "duras" y el tipo de ciencia que yo estaba intentando construir. Paulatinamente descubrí que lo que hacía que fuera difícil explicar a los alumnos sobre qué versaba el curso. Era el hecho de que mi manera de pensar era diferente de las de ellos. Un indicio de esta diferencia provino de uno de los estudiantes. Era la primera clase del año, y yo había hablado de las diferen­cias culturales entre Gran Bretaña y Estados Unidos de Nor­teamérica, culturales que se debería tocar siempre que un inglés tiene que enseñar antropología cultural a norteamericanos. Ter­minada la sesión, uno de los estudiantes se me acercó. Miró de reojo para asegurarse de que todos los otros estaban saliendo, y dijo luego con bastante vacilación: "Quisiera hacerle una pregunta". "Usted dirá". "Este ... usted quiere realmente que aprendamos lo que nos está diciendo?” Dudé un momento, pero él se precipitó: "¿O se trata de algún tipo de ejemplo: una ilustración o alguna otra cosa por el estilo?" ¡Efectivamente, de eso se trata!"

¿Pero un ejemplo de qué?

Y además, casi todos los años se propagaba una queja vaga, que por lo general me llegaba como rumor. Se alegaba que: “Bateson sabe algo que no te dice” o “Detrás de lo que dice Bateson hay algo, pero nunca dice de qué se trata”.

Evidentemente yo no estaba respondiendo a la pregunta: “¿Un ejemplo de qué?” (BATESON 1998: 16-17)

(leer más...)

Fuente: [varias]

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